miércoles, abril 06, 2011

Interesante mención a Mildred Burton

En el marco del Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional, el filósofo Tomás Abraham publica sus impresiones al respecto de la muestra en el Diario Perfil y, cuanto menos, resultan curiosas. Y en medio de sus opiniones, menciona a Mildred Burton, junto a una pareja de nombres bien interesantes. Para entretenerse:

Domingo 27 de marzo de 2011

Política

El filósofo Tomas Abraham fue al Palais de Glace

Muestra peronista: disparen sobre el gorila

Imperdible recorrido por una virtual kermés oficial pomposamente titulada Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional. Falsos mitos, decadencia e impostación berreta.

Por Tomás Abraham


El martes a las 16 hs, con 34 grados de sensación térmica, fui al Palais de Glace a la muestra Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional. Es una idea de Enrique Albistur con la coordinación de Julieta Albistur y la asesoría de Pacho O’Donnell, Norberto Galasso y Jorge Coscia. Me habían dicho que era una muestra que evocaba a la cultura de Berlín de los años 30. Epoca pujante y rica en novedades artísticas, científicas y filosóficas, además de sorprendentes cambios políticos. La gente se asusta rápido.
Fui predispuesto a tomar distancia respecto de cierta “sensación” de fascismo que repercute últimamente en espíritus liberales. Me hablaron con espanto de un juego en el que se debía dispararle a un gorila. Fue lo mejor. Le arrojé diez veces una pelota al pecho del gorila y le emboqué ocho. Una perfomance envidiable hasta para un Guillermo Tell. Debo admitir que el objetivo estaba dispuesto para tiradores inexpertos.
Terrible y frustrante hubiera sido que el gorila alejado y convertido en un blanco móvil sorteara los disparos del pueblo argentino. Cada vez que le daba en el pecho salía de la pantalla un “AHHH” rojo, teñido de sangre, que certificaba mi puntería, expresaba el dolor del gorila y marcaba una cifra que, al irme, daba el resonante número 10.135. Deduzco que ya somos una decena de miles los que reventamos al gorila.
Podemos estar seguros de que, para esta muestra futurista, la idea de los responsables de este invento del pensamiento nacional era poner a Lilita Carrió en el prometedor espacio ocupado por el simio. Hubiera sido un golazo patriótico, pero sin duda era un riesgo inoportuno en momentos en que los medios monopólicos al servicio del neoliberalismo están al acecho del mínimo gesto del Gobierno para ensuciarlo ante la opinión pública.
Lamentablemente, el ambiente de kermés se limitó a ese jueguito. Puedo sumarle la gentileza de un par de señoritas que me ofrecieron unos anteojos para ingresar a una salita en la que podía apreciar el abrazo de Néstor y Cristina en 3D. No había nadie. Estaba solo. En realidad vi a una señora que daba vueltas por los cien afiches de la muestra. No hay mucho más en el convite. Se le suman un par de pantallas de televisión con documentos de Discépolo y otros, imágenes de Oesterheld y Carpani, palabras de Héctor Larrea, el anuncio de conferencias y películas que honran la memoria de Paco Urondo, Rodolfo Walsh, el padre Mugica y Ramón Carrillo.
Pero el evento tiene otro propósito. No se trata de mostrar una vez más lo que ya se vio innumerables veces sin sentido crítico y con una glosolalia resentida y oportunista, sino una invitación para coronar a Néstor y Cristina Kirchner como herederos y jefes de lo que bautizaron como pensamiento nacional, pensadores nacionales, luchadores nacionales, artistas nacionales, y de los que “concretaron su sueño”: Evita (1919-1952), Juan Domingo Perón (1895-1974) y Néstor Kirchner (1950-2010). No agregaron a Enrique Albistur porque es obvio que hace unos años que concreta sus sueños.
Yo no soy un pensador nacional, soy meramente argentino. Y por algún defecto que tengo –quizás un exceso de pelo en el pecho, pies que se parecen a mis manos y una afición a comer bananas mientras rujo y salto descontrolado en mi casa cuando la comida está fría–, de hacer una muestra cultural vernácula, se me habrían ocurrido presentar otros gloriosos nombres. De argentinos no nacionales como David Viñas, Martínez Estrada, Roberto Arlt, Fernando Fader, Astor Piazzola, Mildred Burton, Borges, Masotta, Halperín Donghi, Abelardo Castillo, Atahualpa Yupanqui, María Elena Walsh, César Aira, y otros creadores no nacionales y sí argentinos que admiro.
Esto no significa que no lea a Scalabrini, a Jauretche, a Puigrós y Abelardo Ramos. Los leo como también a Milcíades Peña, al padre Castellani, al padre Hernán Benitez, Ignacio Anzoátegui y Hugo Wast. El problema no son ellos, son éstos. El problema no son los de antes sino los de ahora. No los homenajeados sino los que homenajean. Un problema sin duda transitorio, ya que no creemos que serán objeto de honores similares por defender ellos también a la patria.

Gran DT. Hay una gran foto impresa en cartón con un equipo de fútbol con la camiseta argentina. Está formado por: Discépolo, Rodolfo Walsh, Perón, J.M. Rosa, Jauretche, Mugica, El Kadri, Ortega Peña, Urondo, Cooke y Néstor.
Me encanta el fútbol y armar equipos. Hace años escribí una nota en la que elegía un equipo con un planteo táctico 3-3-2-2. En el arco, John Casavettes o Alfredo Zitarrosa. Las líneas de tres: Fader, Monet y Turner; Nietzsche, R. Wagner y Artaud. Enganches: Mildred Burton y Foucault. María Callas y Fernando Pessoa de puntas. En el banco, Amalia Rodríguez, W. Gombrowicz, Bruno Schulz y Aristóteles. Para las giras, el jefe de la delegación era Bob Dylan. Director técnico: Francis Ford Coppola. Ayudante de campo: Federico Fellini. Preparador Físico: Woody Allen. Médico: Louis Ferdinand Céline. Kinesiólogo: Peter Sellers. Utilero: Jorge Luis Borges. Encargado de prensa: D.F. Sarmiento. Masajista: Ava Gardner. Intérprete de la masajista: Tomás Abraham.

Era un gran equipo. Hace más años aún, en la revista Babel, ante una requisitoria de escribir una prestigiosa nota sobre la cultura vienesa, propuse un equipo de temer bajo la dirección del entonces DT de la selección nacional, Carlos Salvador Bilardo. Un 4-4-2: Wittgenstein en el arco; Kokoschka, Berg, Schumpeter y Musil; Krauss, Zweig, Klimt y Otto Wagner; Freud con Herzl en la delantera. El ayudante de campo era un tal Adolfo del que me olvidé el apellido, pero no era Rodríguez Saá.
En fin, no hay como jugar a las figuritas para colaborar con el pensamiento nacional.
La idea de la muestra, de ésta y de las que armarán con todos los auspicios oficiales que haya, hoy gracias a Albistur, mañana gracias a Jaime, pasado mañana Moreno, pasado pasado por el mecenazgo de otro ser generoso, es la siguiente: el pensamiento nacional y los luchadores nacionales se jugaron la vida y el destino en la década del 70, cuando Albistur y compañeros eran jóvenes maravillosos.
Esta etapa de liberación nacional y popular fue abortada por el golpe militar genocida de 1976. No pudo renacer ni irrumpir en la escena nacional por culpa del europeísmo socialdemócrata del alfonsinismo. Cuando parecía despertarse ante la nueva aurora, gracias a los carapintadas primero y al Facundo emponchado y empatillado del ’89, el caudillo traiciona a la patria y la vende al neoliberalismo.
La lucha continúa. El vacío delarruista da por terminadas esas ínfulas socialdemócratas y, tras una serie de cabildeos, llega un salvador de la patria. Néstor, así nomás, un solo nombre, y Cristina, su abnegada compañera.
Néstor y Cristina son ungidos como los nuevos perones y evitas. Los demás son unos gorilas, cipayos, neoliberales, menemistas, nuevas derechas, procesistas. Y esto recién comienza. Es una oportunidad histórica. Toda una gesta nacional viene preparando el momento. ¿Será de liberación? ¿De quién? ¿De los chinos? ¿De Clarín? ¿De Macri? ¿De la Mesa de Enlace? ¿De Falcioni?
Nobel. Ustedes conocen al premio Nobel de Literatura, el anglohindocaribeño V.S. Naipaul. Es un gran escritor. Lástima que no lo invitaron a la Feria del Libro. Me imagino las cartas de protesta que hubiera motivado de parte de los defensores del modelo de embrutecimiento inclusivo. Y es un viajero. Escribió, además de sus novelas, libros sobre la India, los países musulmanes, sobre su recorrido por países africanos. Vino tres veces a la Argentina: en el ’72, el ’74 y el ’77. Tenía un gran amor “en” más que “por” esta tierra, una mujer que fue su amante argentina durante décadas. Sus observaciones fueron publicadas en su libro The return of Eva Perón. Habla de los autos asesinos al referirse a los Falcon. De la barbarie argentina.
En una nota escrita en La Nación por Rodolfo Rabanal a propósito del escritor recientemente premiado, cita a Naipaul: “Hace unos treinta años –dijo en Estocolmo cuando llegaba para recibir el máximo galardón literario– visité la Argentina. Era la época de la guerrilla. La gente esperaba que el viejo dictador Juan Domingo Perón volviera del exilio. El país estaba lleno de odio. Los peronistas aguardaban el retorno del líder para cobrarse viejas cuentas. Uno de ellos me dijo: ‘Hay una tortura buena y otra mala. La buena tortura es la que se aplica a los enemigos del pueblo; la mala es la que los enemigos del pueblo le aplican a uno’”. Sigue Naipaul: “No pude asistir a ningún debate verdadero, sólo había pasión y jerga política, una jerga mayormente importada de Europa. La jerga transforma la realidad en abstracción y, donde ella se impone, la gente se queda sin causas y entonces sólo existen los enemigos. Todavía hoy las pasiones prevalecen en la Argentina, aniquilando toda razón y estropeando la vida de personas, sin que ninguna solución aparezca a la vista”.
Esta nota se publicó el 20 de diciembre de 2001, en momentos en que el país explotaba una vez más. Han pasado diez años. La jerga continúa. Naipaul decía que le asombraba que en las puertas del cementerio de la Recoleta hubiera un par de hoteles alojamiento. Le parecía una vecindad curiosa.
También lo irritaba escuchar con frecuencia “se la metí bien en el culo” como canto de victoria. Lo dice con candor, ya que la sodomía es parte de los confesados encantos de su práctica erótica (de acuerdo a la biografía autorizada de Patrick French, The World is what it is), pero no soporta la “arrogancia” de la sodomía nacional. Una cosa es sodomizar y otra estar orgulloso de haber sodomizado.

Mitos. La gente de la cultura oficial difunde la idea de que los pueblos necesitan un mito. El que ahora se elabora es éste que unge a Néstor y Cristina como nuevos jefes espirituales de la nación. Esta muestra, pobre, aburrida, gris, mortuoria, vengativa, pecaminosa, es parte del intento de participar del relato mítico que legitime esta nueva fase de liberación.
Estamos acostumbrados a los mitos de fundación. El punto cero regenerativo es un lugar común repetido luego de cada una de las crisis nacionales. Pero estos mitos no son mitos, son sofismas culturosos para autocomplacerse en una lucha ficticia pero con efectos reales, nefastos.
Hacerle la guerra a Mitre, Roca, Sarmiento y Rivadavia en nombre de Néstor y Cristina es una bufonada. El relato puritano y maniqueo de la historia es para uso de dictaduras y sus comisarios culturales. A muchos de estos nuevos pensadores que evocan a los antiguos pensadores les encantaría una nueva tiranía, si es para el pueblo. Claro, para el pueblo de ellos. Es lo mismo de siempre. Lo de hace 35 años pero gastado, farsesco, inútil, berreta.
El desafío de la Argentina no es éste. Es el hambre. La falta de vivienda. La salud ausente. La gente dependiendo de dádivas. La marginalidad creciente. La violencia cotidiana. El narcotráfico. El atraso tecnológico. La corrupción sistémica. La juventud fuera del circuito educativo y laboral. La adolescencia sin instrucción. Los ejércitos privados. El arrasamiento salvaje de nuestros recursos naturales. La demolición de toda autoridad que no se presente como poder intimidatorio. ¿Sigo? Es decir, la sociedad.
Pero no les alcanza, quieren patria, y para eso necesitan traidores. Quien consiga un nuevo traidor es bienvenido. Esta no es una voluntad revolucionaria, lo fue en otras épocas, y para mal. Esto es reacción. La típica y auténtica derecha. La que se escuda detrás del clamor nacional contra lo “neocolonial”. Atraso. Decadencia. Impostación. Uso de los muertos para cubrir mediocridades de unos cuantos vivos.

miércoles, octubre 06, 2010

Las inquietantes fotopinturas de Klemm

CULTURA / ESPECTACULOS › "EL BANQUETE TELEMATICO DE LA PINTURA" EN EL CASTAGANINO + MACRO DE ROSARIO


 Por Beatriz Vignoli

Inquietante: así es la muestra de Federico Klemm que hasta fin de mes puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Oroño y el río). Es mucho más desestabilizadora aún que la hermosa galería de retratos o conmovedora elegía barroca en imágenes que es la sala central del Castagnino (Oroño y Pellegrini). Es una producción local, realizada en colaboración con co-curadores de Buenos Aires y aportes de material de la Fundación Klemm.
En el Castagnino se puede ver a un Klemm modelo y musa, ofrendándose a la contemplación de toda una corte de artistas amigos, luchando contra la tiranía del tiempo hasta el último aliento y conservando hasta el fin, si no su deslumbrante belleza juvenil, al menos una inquebrantable gallardía. La vanidad o vanitas, aquel pecado de los antiguos, se asemeja en estos retratos de fin de siglo a lo que es para los hombres y mujeres del siglo XXI: un asunto muy serio. El drama barroco que se ve en el Castagnino es el de Klemm objeto de la mirada, activo y creador, actor elegante, seductor en todas las edades de su rostro. Y también un excelente paseo por estilos del arte argentino de la segunda mitad del siglo XX, en particular el pop de Delia Cancela, Edgardo Giménez y Silvina Benguria. Se lucen los delicados dibujos de Mildred Burton o Mariette Lydys y las impactantes fotos de Humberto Rivas o Marcos López.
Lo del Macro es mayor desafío. Trabajar su elusiva figura de artista inclasificable e histriónico divulgador del arte desde el "reconocimiento a artistas y obras que son resistidas o prejuiciados, situándose en lugares límite, en bordes difíciles de abordar", es lo que se propuso respecto de Klemm el curador Roberto Echen, subdirector artístico del Castagnino+Macro. Es de una cierta sensatez la cautela de este discurso curatorial "borde", bastante más prudente que aquellas sospechosas apologías de Carlos Espartaco, fragmentos significativos de las cuales se incluyen en la muestra: Espartaco habla por ejemplo de "la subjetividad absolutizada" de Klemm, frase que lo define con bastante felicidad. Presentar "el caso Klemm", en toda la amplitud probatoria de sus evidencias y con la mayor objetividad posible: eso es lo que logra esta exposición a través de un montaje sobrio e impecable.
Ya lo suficientemente ígneo es el material presentado. En la planta baja recibe al público un afiche del artista inclinado sobre el féretro de su madre, con una calidad de vestuario, una iluminación y unos ademanes de pasión dignos de una escena de ópera, pero... ¿la escena es verdad, el dolor es real? Frente a ella, en una vitrina, un traje de luces dedicado de puño y letra por Klemm a Rudolf Nureyev lleva cosida una foto del bailarín. ¿Quién fue este hombre, que se emparienta con un artista admirado y teatraliza el que debe haber sido el momento más penoso de su vida? En el séptimo piso, se ven los backlights de su "sala Venecia" y el traje Versace de cuero de víbora con el que posó para el retrato de Rómulo Macció de 1994 que puede verse en el Castagnino. Con tiempo, es posible sentarse a ver el falso documental en el que Klemm, teletransportado por la magia del fondo verde a los escenarios de la pasión y muerte de Vincent Van Gogh, hace una encendida y por momentos incoherente defensa del "suicidado de la sociedad", citando a Antonin Artaud en una hagiografía de mártir que trasluce su identificación.
Si hay una muestra que Susan Sontag tendría que haber visto para fundamentar su teoría del camp, es ésta. El exceso define al camp. Y en esta muestra se materializa lo que inquieta de tal definición por el exceso: ese poder del concepto de "objeto camp" para infundir a todo artista o crítico el terror de pensar cuánto de lo que constituye a una obra supuestamente fallida y a un autor caído en el ridículo no es acaso una posibilidad inmediata en cada artista aceptado por el sistema y en cada obra reconocida como arte. Haciendo relativa abstracción de la valoración estética, Echen y equipo parecen centrar inteligentemente su eje curatorial en esta cuestión de cómo la vida y obra de Klemm (indisolubles, además, entre sí) son capaces de inquietar los límites de la institución arte: ya es bastante con mostrar la obra en las mejores condiciones posibles y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones. Y el espectador sigue siendo cruel: una chica estalló en carcajadas al reconocer en Ultima transfiguración a Mirtha Legrand.
Si el Klemm barroco triunfa, el neoclásico fracasa. Lo que le da una leve respetabilidad a toda la propuesta expresiva de Klemm es su coherencia semiótica "mítica", fundamentada en una visión trascendente donde el yo del artista ocupa el lugar central de su mundo espiritual. Klemm se apropia de la imaginería religiosa de la pintura occidental y la traduce a fotomontajes fronterizos, torpes pero intensos, en los que despliega lo que el crítico Donald Kuspit llamaría su grandiosidad narcisista. En las Mitologías del primer piso se puede observar un primer retablo de su Pasión: Ultima cena (1991); Resurrección (1994), y La crucifixión (1996). En estos avatares del héroe, el autor ocupa el lugar de Cristo y su madre el de la Virgen María. Federico y su mamá miran a la cámara. Cabe pensar que si el ego de Klemm hubiera podido ser socializado en vida, habría dado narcisismo primario a toda la República Popular China. Pero hay tal mezcla de ternura y convicción en sus miradas que lo humano del autor se transparenta y conmueve.
En el segundo piso siguen los mitos: Adán y Eva (1995), Narciso y Afrodita (1994), Sansón y Dalila (1994), La Venus de Apolo y Dionisio (1995), con representaciones poco felices. Se destacan en el tercero unos retratos de la madre del artista: Mi madre en las rocas (1992) y el majestuoso Cristales de Moravia (1994), donde la bella mujer asume un rol demiúrgico. Se agradece la llegada del collage digital a partir del cuarto piso, que despliega unos dúos homoeróticos inspirados en la traición de Judas y la duda de Tomás, donde cabe resaltar por su síntesis al titulado Heridas y secuelas III (2000). Los modelos anónimos que hacen de mendigos en Ultima transfiguración (2000) se repiten en La mirada y su rotación (2000) y, tras un olvidable quinto piso que reitera el motivo de Sansón, el sexto ofrece una entrañable galería de retratos de amigos, realizados a comienzos de los años noventa, donde sorprende por su cualidad onírica el de Mildred Burton y por su raro hieratismo intimista el de Jorge Romero Brest. El de estos retratos es el mundo cortesano porteño de los vernissages de los tiempos de la pizza con champagne. Y, por supuesto, el Autorretrato (1990) es el mejor.
Entre los fuertes gestos de la planta baja y el enloquecido discurso del séptimo piso, se tensa así un arco de "fotopinturas" de Klemm que son asombrosamente coherentes con los mismos. Y que desde el punto de vista estético y el técnico, independientemente de su despliegue de producción (modelos en estudio, gran formato, trucos digitales astutos o no tanto), configuran un arte al que no cabe calificar en general sino de fallido. Es demasiado evidente la contradicción entre los modelos mitológicos del período manierista de la historia del arte a los cuales con grandes ambiciones artísticas apela Klemm y la tosquedad (modelos contemporáneos "perfectos" en gestos rígidamente teatrales, reiteración de tríos de figuras, seres gratuitamente voladores, fallas técnicas, caprichosas composiciones de desnudos) con que resuelve cada trabajo. Y sin embargo, a la luz de obras más recientes (es imposible no pensar en los videos deliberadamente bizarros de Mauro Guzmán, que de algún modo "formatean" la visión de Klemm hoy), la de Klemm vale, si no artísticamente por sus logros, teórica y críticamente por sus fracasos, que orientan la reflexión hacia la fragilidad de los límites del arte. O sea: el que se crea libre del ridículo, que arroje la primera piedra.

jueves, septiembre 09, 2010

Arte burtoniano en el subte B

En la estación Dorrego de la línea B de subterráneo, el andén norte está acaparado por la obra A 3 niñas argentinas inmoladas: Gimena Hernández, Nair Mostafá y María Soledad Morales de Mildred Burton.


La obra data de 1991 y es un mural cerámico, de 500 x 120 cm.





El mural contó con la colaboración de A. Passolini y S. Sundblad. 

lunes, agosto 30, 2010

Dos años

Hoy se cumplen dos años del fallecimiento de Mildred Burton. Aquí va un pequeño homenaje con algunas obras de algunos de sus artistas favoritos: Maria Callas, Max Ernst y René Magritte. 



lunes, julio 19, 2010

EL LITORAL.COM

Edición del Lunes 19 de julio de 2010

“ENTRE PINTURAS Y DIBUJOS” EN EL SOR JOSEFA

La simpleza de la maestría a disposición de los chicos

Porque mirar no es lo mismo que ver, el profesor Domingo Sahda genera este espacio de aprendizaje para los chicos. Por primera vez en el museo, ellos se dejan llevar por el mundo de las formas.

ANA LAURA FERTONANI

fertonani@ellitoral.com

Coco es Domingo Sahda, el señor mayor de bigotes que los recibe en la puerta del museo con la seriedad del caso y les demanda un compromiso. Del otro lado hay niños y docentes y algunos padres, un contingente que viene de un barrio marginal del norte de la ciudad, que en plenas vacaciones se encuentran en la escuela para comer, y que por primera vez entran a un museo.

Adentro: los dibujos, las pinturas, grabados y esculturas de grandes maestros. Raúl Soldi, Quinquela Martín, Leónidas Gambartes, Mildred Burton, Augusto Schiavoni, Carlos Uriarte, Cleto Ciochini, Julio Vanzo, Raúl Schurjin, Ludovico Paganini, Oscar Herrero Miranda, Carlos Páez Vilaró, Ernesto Fertonani, Fabricio Fernandino y Nicolás Rubió son sólo algunos de los creadores de esas obras, patrimonio del Museo.

“Forma parte del trabajo de la gente del museo que, con el tino y el sentido común, ha ido seleccionando una muestra que reúne dibujos, pinturas, grabados y esculturas, una interesante colección, no sólo está destinada a estas actividades, sino para el usufructo de toda la comunidad. No hay cuestiones excesivamente complejas o agresivas o que requieren una disponibilidad especial, tienen la simpleza de la maestría”. Sahda habla de la selección de obras que integran la muestra “Entre pinturas y dibujos”, en el Sor Josefa Díaz y Clucellas (San Martín 2068).

HORIZONTES

Los chicos entraron y ahí, envueltos un poco por la curiosidad y otras sensaciones, se engancharon con la propuesta y se animaron a responder a los interrogatorios del profesor y crítico de arte. Primero, vieron los retratos y las miradas pintadas que se cruzaban con las que las miraban; conocieron un collage, las distintas pinturas, los colores saturados, el proceso de los grabados, las diferencias de luces que habitan entre un marco y otro. Sobre cada horizonte, Sahda los intentaba llevar sólo con la mirada, simplemente depositando la mirada ahí, sobre la nueva superficie.

Coco está concretando esta labor en el museo municipal porque lo propuso. “Esto de algún modo repite lo que empecé a hacer en el Museo Provincial Rosa Galisteo en el 2008... Damos por supuesto -erróneamente- que ver y mirar es lo mismo, que discriminar es un proceso de la mirada que deambula circunstancialmente. Uno enseña a mirar, reconocer, comparar, asimilar, relacionar; en el mundo de la cultura de la imagen no trabajar sistemáticamente esos aprendizajes es no darse cuenta en el tiempo en el que se está viviendo”, habla Sahda.

“En el trabajo con los chicos empleo la mirada como vínculo de reconocimiento y apropiación del mundo, es el objetivo”, fundamenta.

“Esta experiencia, que es una cuestión vocacional, me interesa profundamente no sólo por la formación de recursos humanos, la calificación de los mismos, sino por el mejor empleo de los sentidos: para que cada quien se dé cuenta dónde está parado y qué cosa tiene enfrente. No hay imágenes inocentes, las imágenes nos manipulan. Enseñar a detectarlas, enseñar a apropiarse de ellas, creo que vale la pena como proposición formadora de ciudadanos.

“A mí me sirve como proceso de enriquecimiento acerca de la condición humana, y supongo que a ellos les sirve como descubrimiento de su potencial, aunque sea intuitivamente, y a muchas maestras me permito mostrarles que con pocas cosas, con el interés manifiesto, uno puede lograr grandes cosas”, remata Sahda.

Al final, todos tuvieron hojas y lápices. Los más chicos se sentaron frente a la obra que eligieron y la copiaron; los más grandes debieron escribir diez líneas de lo que veían. Con mucha timidez, al principio, y luego, más cómodos, se tiraron sobre el piso del museo para dejarse ir por las definiciones propuestas por las líneas.
La simpleza de la maestría a disposición de los chicos

Primero, vieron los retratos y las miradas pintadas que se cruzaban con las que las miraban; conocieron un collage, las distintas pinturas, los colores saturados, el proceso de los grabados, las diferencias de luces que habitan entre un marco y otro.

Foto: LUIS CETRARO


/// EL DATO

VISITAS

Durante la muestra se realizan visitas guiadas, coordinadas por Sahda, con estrategias especialmente pensadas para las distintas edades e intereses. Los días y horarios de las actividades para chicos son de lunes a viernes a las 9.30 y 15, a partir del lunes y hasta el 6 de agosto inclusive.

Vale destacar que el Proyecto Aula Ciudad, impulsado desde la Secretaría de Cultura del gobierno de la ciudad, participa de esta actividad a través de la difusión e inscripción de grupos de chicos a las visitas guiadas y talleres durante el tiempo de vacaciones y con grupos escolares, al retomar las clases.

Para más información o reservas de turnos se sugiere comunicarse al 457-1512 o enviar un correo electrónico a proyeccioncultural@santafeciudad.gov.ar.